La entrada de María Elena con el texto del último blog nos cuestiona desde el protagonismo de los bautizados. No hay cristiano sin compromiso social, lo que no significa necesariamente la militancia en un partido político, pero sí incluye su real participación en el mundo, desde su familia o su trabajo, en las cooperadoras y las sociedades intermedias, estando siempre dispuesto a poner el hombro en lo que hace al bien común.
Ese compromiso proviene de la misma dignidad de todo lo humano, su vocación social lo hace ciudadano responsable, aceptando las exigencia de trabajar a su alrededor por la paz y la justicia. Sabemos lo que nos cuesta a los católicos llegar al compromiso de nuestra fe en nuestra vida, muchos siglos de tratarnos como laicos pasivos nos hicieron "fieles" y nos acostumbraron a "cumplir" con el precepto dominical, replegados en las costumbres de la piedad personal, las devociones.
Desde el Concilio Vaticano II se devolvió a la Iglesia su lugar y su misión en el mundo, y eso incluyó una conversión, un cambio en la manera de ser Iglesia. Esto lo retomó totalmente el Papa Francisco y en su magisterio nos propone con insistencia esa conversión pastoral, esa nueva forma de sentirnos Iglesia. Por eso reaparece el tema fuerte del Concilio, el laicado, por eso se habla del protagonismo de todos los bautizados, del Pueblo de Dios que formamos todos.
Venimos acostumbrados a considerar que la Iglesia son los miembros de la jerarquía, que sin embargo fueron consagrados para estar al servicio de los demás miembros del pueblo de Dios que son la mayoría de los bautizados. Los obispos y sacerdotes se diferenciaban de la sociedad civil, ocupaban otro nivel y se consideraban como custodios de la moral y las costumbres. Pero si Iglesia somos todos los bautizados no nos diferenciamos de la sociedad civil, al contrario, en ella vivimos y participamos, nos ponemos al hombro nuestra Patria. El valor de ser ciudadano, las responsabilidades políticas, la elaboración del modelo de país, son para el laico cristiano la forma más noble de vivir la caridad con el prójimo.
Me preguntan cómo andamos en la preparación del Sínodo a nivel local (parroquias, diócesis). Devuelvo la pregunta: ¿Cómo queremos participar? Lo dicho del protagonismo del laicado nos tiene que mover a buscar modos de participación que nos permitan aportar nuestras opiniones y deseos.
Si la Iglesia como institución no nos invita, si no ofrece canales de participación, será por algún motivo estructural. Pero nada nos impide reunirnos y seguir madurando nuestra participación con total independencia. Invoquemos al Espíritu Santo que sopla en todas partes, meditemos la riqueza de la Palabra de Dios que es luz en el camino, y Dios nos mostrará el momento en que podremos aportar nuestras opiniones y sugerencias.
No nos dejemos robar nuestro lugar en el fiel y santo Pueblo de Dios, todos somos Iglesia, los ministros ordenados están consagrados al servicio de todos los fieles, su misión es "alentar, formar y consultar" al laicado. En el Sínodo la propuesta es escuchar a todo el Pueblo de Dios desde las diócesis. La misión de los consagrados no es burlar la propuesta y responder ellos en nombre del pueblo fiel. No nos dejemos robar nuestra dignidad de bautizados.
1 comentario:
Muy buena reflexión que nos lleva a preguntarse, si es tan claro el mensaje, porque no lo hacemos?
Es una disyuntiva que trae particularidades, nos cuesta sobre todo cuando las Instituciones cualquiera sea su función están plagadas de estereotipos que nada tienen que ver con el compromiso Cristiano y sortear eso nos está costando y no pocas veces nos acobarda.
Muy buen análisis Osvaldo y María Elena como inspiradora del mismo
Publicar un comentario