En este momento estamos viviendo el evento de mayor alcance en la Iglesia católica de estos años. El Papa Francisco provocó de forma audaz esta conmoción histórica que necesita con urgencia la Iglesia abatida por los escándalos. El Concilio Vaticano II debe quedar instalado de forma permanente, eso es el Sínodo, proceso global de magnitud destinado a transformar la Iglesia en tanto institución.
La Secretaría del Sínodo informó a los obispos de todo el mundo, está diseñado para involucrar a todas las diócesis, conferencias episcopales y organismos continentales. Desata una consulta popular, requiriendo la participación de la asamblea del Pueblo de Dios en todos los órdenes. Se necesita escuchar a la gente y que la gente hable con parresía.
Alguien considera el Sínodo como algo que conduce al protestantismo, sin embargo un sínodo católico es consultivo, el protagonista es el Espíritu, el discernimiento y las decisiones dependerá de los obispos y del Papa. Hasta ahora los Sínodos conocidos eran para confirmar lo que ya se creía y las prácticas existentes. Ahora con el Papa Francisco todo eso cambió, decidido a caminar hacia la "Iglesia Sinodal", despertando esta institución católica olvidada.
Hasta ahora el Pueblo de Dios era espectador pasivo, eso cambia con el Sínodo: "La Iglesia se da cuenta cada vez más que la sinodalidad es el camino para todo el Pueblo de Dios". O sea, tomar decisiones pastorales según la voluntad de Dios basadas en la voz viva del Pueblo de Dios. Se reconoce que el descubrimiento de la voluntad de Dios tiene que involucrar a todo el cuerpo de los fieles, no solo a los obispos. El propósito de la sinodalidad es escuchar lo que Dios dice a la Iglesia.
La Iglesia acostumbrada al modo comando y control, ve la propuesta del sínodo como lo que Dios le pide para el tercer milenio, pero lo siente como un músculo sin ejercitar. El Documento Preparatorio deja en claro que lo que está en juego es un cambio cultural. El Sínodo no es para defender o cambiar nada, su función es posibilitar una asamblea que discierna lo que el Espíritu pide a la Iglesia en relación a su misión: evangelizar. El Sínodo está atento al Espíritu y a lo que dice para la Iglesia. El documento se remite al ejemplo de Jesús, los discípulos y la multitud, que en los evangelios aparecen siempre inter actuando.
El Sínodo exige actitudes y mentalidad opuestas a lo que estamos acostumbrados en nuestra vida de Iglesia. Pide hablar aún a los que nunca lo hacen. Renuncia a la rigidez, reconociendo al Espíritu que actúa aún donde no lo esperamos. Pide abandonar el clericalismo, el poder es el servicio, todos los bautizados deben ser escuchados.
Esto requerirá renovar estructuras pero eso dependerá de los miembros de todo el Pueblo de Dios. Será una nueva experiencia de fraternidad. Todo depende de iniciar ese proceso de escucha, diálogo y discernimiento. Proceso de conversión del que ahora depende la misión de la Iglesia.
¿Cómo se está dando este caminar juntos en tu diócesis? Las respuestas y su evaluación ocupará un tiempo determinado, pocos meses en cada instancia. ¿Demasiado pronto? Lo importante de esto es que se revelará claramente cuán poco transitado está el camino sinodal, en la Iglesia del mando y el control.
Para convertirse es necesario haber llegado a la verdad y confrontarla con la vida. Lo que requiere la ayuda del Espíritu.