Articulo Víctor Fernández, Arzobispo de La Plata
. Teólogo argentino
considerado intérprete de Bergoglio
Estamos en una especie de “guerra
fría”, fuertemente ideológica, que se traslada a la lucha política de los
distintos países. Se juega particularmente en los medios y sobre todo en las
redes sociales, donde no falta una buena cuota de trolls e influencers. Lo
paradójico es que en ella intervienen apasionadamente los mismos católicos, con
una especie de obsesión por ridiculizar y acallar a su propio Papa.
El tiempo que pasamos en pandemia está mostrando secuelas importantes en la
psicología de las personas y en el estilo de vida. Lejos de pensar en la
humanidad como familia, unos pocos países acumularon y aun desecharon vacunas,
mientras muchos otros sobreviven con un escaso porcentaje de vacunados, de
manera que quedan activos múltiples focos que son caldo de cultivo de nuevas
variantes del virus. El “sálvese quien pueda”, irracional y suicida, le ganó al
“nadie se salva solo”. El gran sueño “pospandemia” parece ser únicamente el de
lanzarse a una descontrolada carrera de consumo, de viajes, de huida. Además
han crecido movimientos radicalizados y una renovada fobia hacia los pobres y
los extranjeros, como si fuesen los culpables de los grandes problemas de los
pueblos.
La bomba contracultural
En este contexto, Fratelli tutti cae como una bomba contracultural, como una
insolencia irracional y molesta. Porque su invitación a reconocer el valor
inalienable de cada persona humana y su llamado a un amor universal que arrope
a los últimos, está lejos de un romanticismo sin consecuencias. Implica, por
ejemplo, una defensa de los inmigrantes, pues es inaceptable “que el lugar de
nacimiento o de residencia de por sí determine menores posibilidades de vida
digna y de desarrollo” (121), ya que “si en realidad el mundo es de todos, no
importa si alguien ha nacido aquí o fuera de los límites del propio país” (125)
y “cada país es asimismo del extranjero” (124).
También incluye inevitablemente el rechazo de la pena de muerte y de una
justicia vindicativa, propone una concepción diferente de la vocación
empresarial y tantas otras cuestiones que hoy perturban a las mentalidades
inclinadas al individualismo liberal con sus dogmas. Por otra parte, el planteo
de fondo no es más que el de la Doctrina Social de la Iglesia, que mana de las
más hondas convicciones del Evangelio. ¿Acaso podríamos decir otra cosa para
adaptarnos a lo que parece políticamente correcto?
¿Hasta dónde llegó la ideología?
El problema es que esta megatendencia individualista ha afectado aun la
mentalidad de muchos católicos, que terminan viendo al Papa como un enemigo que
se opone a las propias convicciones políticas. Así se advierte que la pasión
política puede más que la pasión por el Evangelio. Es muy difícil ya colocar
una frase en el propio Facebook sobre la compasión, la generosidad, la defensa
de los más débiles, y más aún si se la acompaña de una cita del Papa Francisco,
sin que aparezcan algunos católicos embravecidos gritando con letras de molde:
“¡Populistas! ¡Irracionales! ¡Comunistas! ¡Tontos!”.
¿Hasta dónde puede llegar ese fanatismo disfrazado de “recta doctrina”? De
hecho ya llegó a su climax. Quiero dar un ejemplo contundente para mostrar
hasta qué punto esta violenta avanzada nos ha lavado el cerebro y nos ha vuelto
obsesivos.
Tiempo atrás un domingo (Domingo XXVI del Tiempo Ordinario) muchos sacerdotes
omitieron o suplantaron la segunda lectura. ¿Por qué? Porque podía ofender a
muchas personas y ser interpretada políticamente. Se trataba de Santiago 5, 1-6
que dice cosas como estas: “Vosotros ricos, llorad y dad alaridos… Vuestra
riqueza está podrida… Habéis acumulado riquezas… El salario de los obreros que
segaron vuestros campos y que no habéis pagado está gritando… Habéis vivido
sobre la tierra lujosamente… Habéis engordado para el día de la matanza”.
Claro, leer un texto así en la Misa, por más que lo explicáramos, podía
confirmar que la Iglesia protege a los populistas ociosos que pretenden vivir
del Estado sin trabajar, o que no valora el esfuerzo de los emprendedores, etc.
etc.
¿Cuál fue la reacción ante la presencia de este texto en el Leccionario? Que se
hizo todo lo posible por esconder la Palabra de Dios, por acallarla, por
disimular su sentido directo y preciso, o directamente se optó por reemplazarla
o quitarla.
No debería llamar la atención entonces que se haya hecho lo mismo con Fratelli
tutti, aun dentro de la propia Iglesia. Bien dijo Francisco que “se trata de
otra lógica” (127). Es un llamado profético irritante que brota del Evangelio y
que nos sumerge en una lógica que el mundo ya no puede siquiera tolerar.
Excusas “católicas”
Para justificar su rechazo ante Fratelli tutti, algunos supuestos pensadores
católicos han afirmado que este llamado al amor universal es “new age”, o que
reniega de la metafísica, o que responde al “Nuevo Orden Mundial”, o que es
imposible un amor universal porque sólo hay fraternidad entre los bautizados, y
otros argumentos que harían retroceder al Magisterio católico al menos 600 años
atrás. Sin embargo, aunque esta encíclica es un ejercicio de diálogo aun con
los no creyentes, Francisco se encargó de explicar que la propuesta no es en
modo alguno light o carente de fundamentos sólidos.
Por ejemplo, para evitar entenderla como una defensa de la dignidad humana sin
sustento metafísico, afirma lo siguiente: “Si hay que respetar en toda
situación la dignidad ajena, es porque nosotros no inventamos o suponemos la
dignidad de los demás, sino porque hay efectivamente en ellos un valor que
supera las cosas materiales y las circunstancias, y que exige que se les trate
de otra manera. Que todo ser humano posee una dignidad inalienable es una
verdad que responde a la naturaleza humana más allá de cualquier cambio
cultural” (213).
O para evitar caer en el universalismo superficial e ideologizado de algunos
movimientos mundiales explica: “Tampoco estoy proponiendo un universalismo
autoritario y abstracto, digitado o planificado por algunos y presentado como
un supuesto sueño en orden a homogeneizar, dominar y expoliar” (100). A los
católicos que le acusan de proponer una fraternidad sin Dios, les dice que “los
creyentes pensamos que, sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones
sólidas y estables para el llamado a la fraternidad” (272).
Y si lo que afirman es que prescinde de las convicciones cristianas, les dice
que “si la música del Evangelio deja de sonar… habremos apagado la melodía que
nos desafiaba a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer… Para nosotros
ese manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de
Jesucristo” (277).
No hay marcha atrás
Pero no hace falta seguir, porque igualmente hallarán otras excusas para
sostener que sólo se dejarán inspirar por Francisco cuando él asuma la forma
mentis y la opción política de ellos. Sin embargo, no lograrán detener lo que
implica asumir un rostro eclesial que ya no puede desprenderse de la dimensión
social del Evangelio.
Esto nos muestra hasta qué punto era necesario este grito profético que es
Fratelli tutti, que viene a completar la Doctrina Social de la Iglesia con una
contundencia tal que ya no es posible esconder su potencia desestabilizadora.
¡Larga vida a Francisco!
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